Antes de viajar

Coma algo ligero. De esa manera matará varios pájaros de un tiro: evitará sentirse pesado durante el vuelo, sufrirá menos las molestias de estómago comunes que provoca la diferencia de presión entre la cabina y el exterior y reducirá el estrés previo al viaje. Mejor, evite el alcohol y el café.

Durante el vuelo

La falta de humedad de la cabina del avión acarrea severos inconvenientes. Para estar bien hidratado, beba un vaso de agua por cada hora de vuelo. Quienes usen lentes de contacto pueden echar mano de las lágrimas artificiales. Para evitar el resecamiento de las mucosas nasales, también pueden utilizarse nebulizadores salinos.

En el momento de despegar

Apriétese la nariz y sople con los labios cerrados en esos momentos (maniobra de Visalva) para evitar los tapones en los oídos. También procure mantenerse despierto, pues al dormir no se traga, lo que dificulta regular la presión del aire del oído medio.

Una vez cada 90 minutos

En vuelos largos no se ‘ancle’ al asiento. Cada 90 minutos levántese y camine un poco. Si no le apetece, contraiga los músculos de sus piernas o presione alternativamente los talones y las punteras de los pies sobre el suelo para reactivar el retorno venoso.

Cuando vaya a aterrizar

Igual que durante el despegue, tápese la nariz y sople con los labios cerrados para evitar el taponamiento. Si viaja con niños pequeños, deles el chupete, un biberón o un caramelo. La succión de esos elementos evita los incómodos tapones en los oídos.