El frío que alimenta

REINOS DE HUMO

Verano, tiempo de helados. Un producto que apetece cuando aprieta el calor y que, al mismo tiempo que refresca, alimenta. Por un lado, los helados cremosos, a base de leche con otros ingredientes. Por otro, los sorbetes, a partir de zumos naturales de frutas. Buena parte de los que consumimos son industriales, pero por fortuna cada vez abundan más las heladerías artesanales de calidad. Hechos en sus propios obradores, a partir de recetas tradicionales y empleando productos frescos de temporada, siempre sin colorantes, conservantes ni saborizantes. Helados naturales, mucho más sanos y mucho más ricos, con sabores muy originales en algunos casos, y que lógicamente también cuestan un poco más que los industriales. Por toda la geografía española encontramos estas heladerías, algunas de ellas abiertas por inmigrantes italianos, ya que Italia es el país con mayor tradición en la elaboración de este producto. Entre nuestras favoritas destaca Della Sera, una pequeña heladería en el centro de Logroño donde se venden los helados que elaboran Fernando Sáez y Angelines González y que distribuyen a restaurantes de toda España. Sobresalientes también los helados de Rocambolesc, de Jordi Roca, uno de los hermanos propietarios de El Celler de Can Roca, con tiendas en Gerona, Madrid y Barcelona. Añadan los de La Fiorentina, en Sevilla; Delacrem, en Barcelona; o los de Nossi-Bé, en Bilbao. Y a disfrutarlos.